Cactus de la suerte

El cactus es una planta milenaria que sobrevive en cualquier clima y que, además, purifica el aire y despoja el ambiente de las ondas
magnéticas.

Los cactus contradicen la sabiduría popular. Por una parte,
están llenos de espinas pero, contrariamente a lo que se quisiera
creer, estas espinas no son símbolo de lágrimas sino, por el contrario,
de alegría.

Por otra parte, los cactus no son, ni mucho menos, esas plantas
salvajes y hoscas a las cuales nadie se debe acercar. Son, por el
contrario, una fuente inmensa de energía. Purifican el aire. Lo
despojan de las ondas magnéticas que tanto perjudican al ser
humano. Y le aportan a éste una mezcla bien extraña hecha de una
dosis de serenidad, una dosis de buenos augurios, otra de lucidez y
por lo menos cinco dosis más de energía.

Sí, energía de las buenas. De esas que impulsan al más aletargado a
no postergar sino a actuar de inmediato, y en las vías apropiadas.
En sí, los cactus son decorativos y extraños por la singularidad y la
suculencia de sus hojas carnosas. Sin embargo, su gran mérito se
encuentra en su capacidad de absorber los campos magnéticos. Así lo
concluyó la misma Asociación Antiradiación Europea, y así lo han
comprobado los investigadores. Un cactus es capaz de absorber las
ondas electromagnéticas que emiten un televisor, un computador, un
equipo de sonido o cualquier otro aparato, y lo hace a través de sus
espinas, como antenas.

En efecto. Cualquier onda, un cactus la atrapa. Pero, lo extraño, es
que no solo la atrapa sino que la convierte, él mismo, en energía. Y lo
que era tan dañino para el hombre, como el campo magnético, se lo
devuelve al mismo hombre transformado en energía positiva,
benéfica.
Y también, en sus hojas carnosas, agarra humedad. Y la guarda,
junto con la energía, para los momentos en que escasearán. Además,
en cualquier ambiente donde se encuentre, purificará el aire ya que
expedirá oxígeno.
Cómo lo hace? Siempre a través de sus espinas. No importa que las
hojas sean grandes o pequeñas, que la forma sea en punta o
redonda. Lo que vale aquí son las espinas. Es así. Es una facultad que
tiene en su bagaje genético, y que le es exclusivo.
Casi todos Todos los cactus tienen ese don heredado genéticamente
de sus antepasados. Pero, para poderlo ejercer, se requieren de
ciertas condiciones. Y la primera de ellas, y la más importante, es que
la mata tenga una altura de por lo menos 10 centímetros. Esto se
logra después de cumplir los dos años, y cuando la planta es madre,
o sea, que ha desarrollado semillas y ha florecido por lo menos dos
veces. Es una condición indispensable para que absorba las ondas
electromagnéticas.

Otro ingrediente adicional contribuye a que la planta se convierta en
antena receptora de ondas: su ubicación. No es necesario, como se cree, colocarla entre la persona y el equipo -la pantalla del computador, por ejemplo-. Basta con ubicarla cerca del aparato o el equipo, a una distancia de pocos centímetros, no importa si es al frente, por detrás o a uno de los lados.

En este aspecto, la planta no es exigente como tampoco lo es para su
mantenimiento: le basta con que se le sumerja cada 15 días, durante
20 minutos, en una vasija con agua, que cubra las dos terceras
partes de la matera. Y así puede vivir muchos años (o décadas),
creciendo apenas 10 centímetros por año y reproduciéndose a través
de sus semillas o de una parte de su misma estructura.
Mucho amor En lo que sí es exigente, es en la atención que se le
debe brindar. Es decir, que, así como el cactus atrapa las ondas, así
mismo quiere acaparar el amor de su dueño…

En cierto sentido, es el pago que le exige por haberlo liberado de las
malas influencias de un campo magnético que lo rodea y envuelve
cada esquina de su vida cotidiana: ondas emitidas hasta por el reloj
despertador… Y que llega a producirle dolores de cabeza, fatiga,
trastornos en el sueño e irritabilidad.

Pero el asunto no para allí: de acuerdo con los esotéricos, el cactus es
una fuente inagotable de energía. Usted lo puede comprobar: coloque
un cactus al lado de una mata cualquiera que no quiere prender, o
que está achilada, y verá como, al cabo de pocos días, esa mata
cobrará una vida nueva.
Entonces, muchos creen que esa misma energía de renovación es la
que le transmite al hombre. No es una planta de suerte si por ello se
entiende aquella plata que atrae fortunas y hace ganar loterías. Pero
es una planta de buen augurio y que, según aseguran, capta para sí
las envidias, las malas energías y la maldad que otros han querido
enviar a su dueño.
Así, el cactus se convierte en sinónimo de luz, claridad, visión,
perspectiva y tranquilidad. Atrae la prosperidad y la tranquilidad. Y,
con muy poco, se convierte en una verdadera pasión porque
coleccionarla es garantizar a su alrededor un mundo de energías
positivas y buenos presagios.

Que su mata tenga una altura de por lo menos 10 centímetros.
Que haya producido semilla y haya florecido.
Que no necesita ponerla al frente suyo para quedar protegido contra
las ondas electromagnéticas, sino cerca del aparato emisor.
No importa la forma de las hojas. La absorción del campo magnético
se cumple en las espinas.

3 thoughts on “Cactus de la suerte”

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